No sé cómo ocurrió, sólo sé que ella estaba allí.
Junto al límite del acantilado, mirando al mar y la puesta de sol, apoyando sus brazos en la barandilla. A su derecha, los niños jugaban en el pequeño parque infantil. A su izquierda, las interminables vistas de la ciudad al borde del mar.
Se había puesto su vestido favorito, tal y como dijo que haría. El sombrero de paja le cubría la mitad de la cabeza, aunque su larga melena dejaba al descubierto los hombros. A su lado había una chaqueta vaquera colgada de la barandilla, ya que por aquellos días ya comenzaba a hacer fresco a últimas horas de la tarde.
Yo observaba la escena con cautela, desde la distancia. Me había puesto la capucha y las gafas de sol a fin de no ser descubierta.
Y en ese momento, le vi llegar. Llevaba los vaqueros negros y la camisa de rayas que prometió ponerse.
En el mismo momento en que él puso un pie sobre el césped, ella se dio la vuelta, lentamente. Y se les escapó una sonrisa a cada uno.
Se limitaron a coger sus cosas y marcharse de allí.
Y yo me quedé en aquel lugar hasta que anocheció. Les ví irse, agarrados de la mano, sonriendo. Eran felices. Por fin. Ahora ya todo estaba bien de nuevo.
sábado, 4 de septiembre de 2010
martes, 10 de agosto de 2010
Viernes por la noche.
Ya no queda nadie, todos se fueron hace rato. Solo queda ella. ¿Qué fue aquello que dijo? Oh, sí. ''No importa, ya todo ha acabado''. Ojalá tenga razón, ojalá todo vuelva a la realidad, tal y como la aseguran.
Comienza a caminar sin rumbo por la orilla, alejándose de la multitud del paseo. Quiere estar sola, no quiere hablar con nadie; necesita pensar. Y es lo que hace. Se deja llevar por sus pensamientos, sin prestar atención hacia dónde se dirige.
Y ahora, sin saber cómo, tiene las piernas caladas. Está en la orilla del mar, descalza, disfrutando de las olas en sus pies y la arena entre sus dedos.
La marea se la lleva hacia dentro. Ya se ha mojado las rodillas, y el pantalón pesa cada vez más. Antes de ser llevada hacia delante un poco más, intenta salir del agua. Tiene que hacerlo cuanto antes, o se la llevará la corriente.
Consigue esquivar algunas algas, pero ha pisado alguna que otra concha sin querer. Se limpia los pies y se pone de nuevo las sandalias.
Es hora de volver a casa.
Ya no queda nadie, todos se fueron hace rato. Solo queda ella. ¿Qué fue aquello que dijo? Oh, sí. ''No importa, ya todo ha acabado''. Ojalá tenga razón, ojalá todo vuelva a la realidad, tal y como la aseguran.
Comienza a caminar sin rumbo por la orilla, alejándose de la multitud del paseo. Quiere estar sola, no quiere hablar con nadie; necesita pensar. Y es lo que hace. Se deja llevar por sus pensamientos, sin prestar atención hacia dónde se dirige.
Y ahora, sin saber cómo, tiene las piernas caladas. Está en la orilla del mar, descalza, disfrutando de las olas en sus pies y la arena entre sus dedos.
La marea se la lleva hacia dentro. Ya se ha mojado las rodillas, y el pantalón pesa cada vez más. Antes de ser llevada hacia delante un poco más, intenta salir del agua. Tiene que hacerlo cuanto antes, o se la llevará la corriente.
Consigue esquivar algunas algas, pero ha pisado alguna que otra concha sin querer. Se limpia los pies y se pone de nuevo las sandalias.
Es hora de volver a casa.
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My own world,
Tengo la cabeza llena de paja
It's shining on my destiny
Cuando la noche se traga al mar en una batalla que no parece terminar... La luna luchando contra el sol, el día con una herida mortal en apariencia, la noche disfrutando de su victoria... ¡Qué largo atardecer!
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