sábado, 9 de abril de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Nada que una buena cerveza no pueda arreglar

Y es que estaba harta. Llevaban días peleando, aunque fuera por tonterías. Y no podía más.
Le miró de reojo, apoyada en la encimera. Él estaba mirando hacia abajo con el ceño fruncido, y se apretaba las sienes.
Torció el gesto antes de sacudir la cabeza y salir por la cocina, pasando por delante de él.
-Voy a dar una vuelta. Vuelvo en un rato.
Él la miró extrañado y la siguió hasta la entrada sin dejar de observar sus movimientos pero sin decir una sola palabra.
Salió de la casa cerrando la puerta tras de sí, se puso el casco y arrancó la moto, para salir después de allí tan rápido como pudo.

No quería pensar, pero era casi inevitable. Así que, de camino a la montaña, se dedicó a repasar todos los acontecimientos ocurridos durante la última semana. Había sucedido todo tan rápido... No entendía cómo podían haberse enfadado mutuamente con tanta facilidad en tan poco tiempo. Cómo podían haber sacado tantos trapos sucios el uno del otro. Y eso que todavía se querían...
Antes de darse cuenta, había llegado a su destino. Miró su moto antes de poner el candado y quitarse el casco. Y en cuanto lo hizo, alguien, que había estado mirándola desde que había aparcado, salió de entre las sombras sorprendido por estar viendo una cara conocida.
Notó que alguien le daba un pequeño golpe en el hombro, así que se giró. Pero se quedó anonadada ante lo que vio.
-Hola.
-Urkel... Hola.
Quién iba a decirle que iba a encontrarse a uno de sus amores adolescentes en un bar de moteros de en medio de la nada...
Él esbozó media sonrisa antes de seguir con la conversación.
-No esperaba verte por aquí.
-Bueno, en realidad, antes solía venir bastante a menudo. Ahora sólo de vez en cuando... -Sobre todo desde que había descubierto que su novio no sentía demasiada fascinación por el mundo del motor, al contrario que ella.
-Entiendo. Me alegro de verte -le tendió la mano, y ella respondió con una sonrisa antes de devolverle el saludo.
-Yo también. ¿Qué tal te va?
-Podría irme mejor, pero no voy a quejarme. ¿Tú qué tal?
Se le escapó una mueca sin querer. En realidad sabía que Urkel era una persona con la que se podía hablar tranquilamente y que daba muy buenos consejos, pero no se atrevió a contarle nada.
-La verdad es que me lo preguntas en un momento en que no voy a darte una buena respuesta...
Él lo pilló al vuelo, tal y como solía hacer.
-¿Necesitas hablar de algo?
-Oh... no, gracias. En realidad... venía a la montaña a despejar la mente un rato.
-Tú lo que necesitas es una copa -lo dijo con una sonrisa incitante que no sólo invitaba a tomar una copa, sino a algo más-. Venga, vamos, yo invito.
Pasó por alto la insinuación de él cuando decidió sonreír irónicamente.
-Eso será si no logro pagar yo antes...
Dicho esto, dio media vuelta y entró en el bar, abriendo las dos puertas a la vez. Y lo primero que vieron sus ojos fue aquella ola de gente conocida que tanto le recordaba a la época en que iba al bar con su padre.
La saludaron todos muy cortésmente y con cariño, y Eustakio, el camarero, la dio un abrazo antes de pedirla que se sentara.
Uno de los amigos de su padre pasó un brazo por los hombros de Urkel, sonriendo.
-Vaya, vaya. Si no viele sola... ¿Es éste el famoso Gabyn?
Ella se acercó a ellos, algo sonrojada.
-No, no.. Gabe se ha quedado en casa. Éste es un viejo amigo de la universidad, Urkel.
El abuelo apartó el brazo ante la notable incomodidad del joven. Aunque sonrió de nuevo mientras sacudía la cabeza.
-Vaya, pues a ver cuándo nos lo traes, que tenemos ganas de conocerlo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

B.E.R.J. Parte 1

Caminaba por el pasillo cuando Mercedes me pidió que dejara unos papeles encima de su mesa, así que me encaminé a ello. Pero enseguida me arrepentí de haber accedido.
Nada más abrir la puerta, vi a Elisa haciendo el amor con un chico encima de la mesa. Y cerré de golpe pidiendo perdón.
Pero un instante después volví a abrirla. No podía ser él. Tenía que estar equivocada. Pero no lo estaba, era él.
Se me cayeron los papeles al suelo en cuanto nuestros ojos se encontraron. Y la miré a ella, mi mejor amiga. Y luego a él, mi novio. Y volví a cerrar la puerta, esta vez sin decir nada.
Salí corriendo hacia las escaleras mientras les insultaba en silencio en diez idiomas distintos. Pero iba tan metida en mis pensamientos que me choqué con alguien: Jaime.
-Ay, perdón.
-Rocío, ¿estás bien?
-Pues...
Me detuve. Alguien bajaba deprisa por las escaleras.
-Jaime, ahora tengo un poco de prisa, perdona.
Y volví a alejarme corriendo mientras Borja, que sólo llevaba puestos los pantalones, chocaba de la misma forma que había hecho yo.
-Joder, Borja, tío, ¿qué os pasa hoy a todos?- preguntó Jaime, riendo un poco.
-Ah, Jaime... Oye, ¿has visto a Rocío?
-Pues sí, y parecía nerviosa. En realidad...
-¿Dónde ha ido?- le cortó Borja.
-Eh... Se ha ido por allí.- dijo mientras señalaba hacia su izquierda.
-Vale, ¡gracias!- Y salió corriendo detrás de mí mientras se ponía la camisa de mala forma.
Mientras tanto, yo ya había llegado hasta el ascensorde la galería pequeña.


Elisa fue la siguiente en encontrarse con Jaime.
-¡Jaime! ¿Has visto a Rocío o a Borja?
Él, que se quedó mirando descaradamente la minifalda descolocada y el escote de su blusa mal cerrado, lo comprendió todo al instante. Y se le quitaron de golpe las ganas de sonreír.
-No, vengo de la biblioteca, y no he visto a nadie.- Hizo especial énfasis en la última palabra.
-Mierda... Bueno, gracias.- Se fue deprisa por el lado contrario a la vez que se arreglaba un poco el pelo y se colocaba la ropa.


Jaime corrió en mi busca, y me encontró en la clase, recogiendo mis cosas.
-¡Rocío! Estás aquí. Escucha, he... He visto a Borja, y luego a Elisa, y... Lo siento, de verdad.
-No importa.- Quería salir de allí cuanto antes, así que no podía perder un solo minuto hablando y seguí guardándolo todo.
-Supongo que recoges porque te vas... -asentí con la cabeza.- Bien. Voy a ayudarte a salir de aquí, y también a librarte de estos dos, si lo que no quieres es cruzarte con ellos.
Aquellas palabras me cogieron de improvisto. Pero lo hizo todavía más el hecho de que me abrazara. No me lo esperaba, pero se lo devolví.
-¿En serio? ¿Me cubres las espaldas mientras salimos del colegio?
-Claro.
-Gracias, Jaime. -Dejé escapar un suspiro- Pues vámonos.


Fuimos hasta las escaleras centrales y bajamos hasta la primera planta. Abrimos la puerta que conectaba con el pasillo y Jaime asomó la cabeza, mirando de derecha a izquierda por si había alguien. Y la primera parte no fue mal, conseguimos llegar a la galería. Pero no llegamos ni a la mitad, porque Elisa apareció por detrás. Así que nos metimos en el baño de las niñas.
-Espero que no le entren ganas de hacer pis...-Lo dijo sonriendo, intntando darle la nota de humor al asunto.
-Venga ya... No hables, que nos podría oír...
Una vez se hubo marchado, pudimos llegar a la portería. Pero entonces apareció Borja y tuvimos que escondernos. Nos metimos en el despacho del director.
-Voy a salir a distraerle.
En ese momento vi al director.
-No, espera.
El director me daba clase de gemología y me llevaba bastante bien con él, así que no me importó pedirle aquel favor.
-¡Cristian! -Susurré- ¡Cristian! ¿Puedes hacerme un favor? ¿Puedes distraer a Borja un momento? Te prometo que te lo explicaré todo después. Por favor...
-Rocío, ¿qué estáis haciendo ahí? -Sacudió la cabeza- Tengo cosas muy importantes que hacer...
-Por favor, Cristian, sólo será un momento.
-De acuerdo, pero que sea rápido.
-Gracias, Cristian, de verdad.
Así que, mientras Cristian le pedía a Borja que le acompañara un momento, conseguimos salir del colegio.

Pero Elisa estaba en la puerta. Ella sabía que quería irme de allí.
Jaime se puso tenso.
-Creo que la estoy cogiendo cariño... -dijo irónicamente.
-Yo se lo estoy perdiendo. -Me acerqué como una bala a la puerta con la esperanza de que Elisa se limitara a pedir perdón con la mirada.
Pero no lo hizo.
-Rocío, déjame que te lo explique. No es lo que parece...
-¡CÁLLATE! ¡No me interesa nada de lo que me digas, no me importa lo más mínimo! Has perdido todo el respeto que te tenía, Elisa. Ahora sé con certeza qué clase de persona eres. No quiero volver a saber nada más de ti. Así que déjame en paz.
Jaime me cogió de la mano y nos alejamos de allí.