Viernes por la noche.
Ya no queda nadie, todos se fueron hace rato. Solo queda ella. ¿Qué fue aquello que dijo? Oh, sí. ''No importa, ya todo ha acabado''. Ojalá tenga razón, ojalá todo vuelva a la realidad, tal y como la aseguran.
Comienza a caminar sin rumbo por la orilla, alejándose de la multitud del paseo. Quiere estar sola, no quiere hablar con nadie; necesita pensar. Y es lo que hace. Se deja llevar por sus pensamientos, sin prestar atención hacia dónde se dirige.
Y ahora, sin saber cómo, tiene las piernas caladas. Está en la orilla del mar, descalza, disfrutando de las olas en sus pies y la arena entre sus dedos.
La marea se la lleva hacia dentro. Ya se ha mojado las rodillas, y el pantalón pesa cada vez más. Antes de ser llevada hacia delante un poco más, intenta salir del agua. Tiene que hacerlo cuanto antes, o se la llevará la corriente.
Consigue esquivar algunas algas, pero ha pisado alguna que otra concha sin querer. Se limpia los pies y se pone de nuevo las sandalias.
Es hora de volver a casa.
martes, 10 de agosto de 2010
It's shining on my destiny
Cuando la noche se traga al mar en una batalla que no parece terminar... La luna luchando contra el sol, el día con una herida mortal en apariencia, la noche disfrutando de su victoria... ¡Qué largo atardecer!
viernes, 16 de abril de 2010
Sufrimiento transparente.
Engañarse a sí mismo es lo peor que uno puede hacer.
Cuando estás esperando pacientemente a que pase algo y ese algo no ocurre, el subconsciente toma cartas en el asunto. Y empiezas a imaginarte cómo sería y cómo podría pasar ese algo. Te haces ilusiones al respecto. Ves un posible futuro desde un presente en el que estás atrapado.
Porque la imaginación es la única vía de escape de la realidad martirizante del día a día. Pero también es el arma más poderosa que tienes en tus manos, ya que con que te dejes llevar un momento y te creas que lo que ves es cierto, aun no siéndolo, caes en la tentación de seguir hurgando en las entrañas de tu mente, ansioso por saber cómo será lo siguiente; caes en un pozo que parece no tener fin, te ahogas en un mar de ilusiones falsas de las que es muy difícil escapar.
Y es que cuando intentas convencerte a tí mismo de que ese algo podría pasar, y podría pasar de una manera en concreto, puedes recibir tal punzada en el corazón que te dañe de tal forma que la herida no cicatrice.
Y cuando llevas ya un repertorio largo de cicatrices que no sanan ni sanarán, te das cuenta de que no todo sirve para ser feliz. Caes en la cuenta de que hay muchos modos de sufrir, aunque no participe nadie ajeno. El daño te lo has hecho tú solo. Y el daño ya está hecho.
Así que basta ya de punzones, basta ya de agujas afiladas con la punta bañada en sangre, adiós a las espadas clavadas con una malicia impresionantemente inocente. Vale ya de sufrir tontamente. Que los disgustos sin un motivo con una fuerza aparentemente poderosa como para hacerte pasarlo mal, no sirven para nada.
Mañana será un día nuevo. Acaba bien el hoy.
Cuando estás esperando pacientemente a que pase algo y ese algo no ocurre, el subconsciente toma cartas en el asunto. Y empiezas a imaginarte cómo sería y cómo podría pasar ese algo. Te haces ilusiones al respecto. Ves un posible futuro desde un presente en el que estás atrapado.
Porque la imaginación es la única vía de escape de la realidad martirizante del día a día. Pero también es el arma más poderosa que tienes en tus manos, ya que con que te dejes llevar un momento y te creas que lo que ves es cierto, aun no siéndolo, caes en la tentación de seguir hurgando en las entrañas de tu mente, ansioso por saber cómo será lo siguiente; caes en un pozo que parece no tener fin, te ahogas en un mar de ilusiones falsas de las que es muy difícil escapar.
En todas las cosas, pero muchísimo más en el amor, la imaginación traspasa los límites de la realidad.
Y es que cuando intentas convencerte a tí mismo de que ese algo podría pasar, y podría pasar de una manera en concreto, puedes recibir tal punzada en el corazón que te dañe de tal forma que la herida no cicatrice.
Y cuando llevas ya un repertorio largo de cicatrices que no sanan ni sanarán, te das cuenta de que no todo sirve para ser feliz. Caes en la cuenta de que hay muchos modos de sufrir, aunque no participe nadie ajeno. El daño te lo has hecho tú solo. Y el daño ya está hecho.
Así que basta ya de punzones, basta ya de agujas afiladas con la punta bañada en sangre, adiós a las espadas clavadas con una malicia impresionantemente inocente. Vale ya de sufrir tontamente. Que los disgustos sin un motivo con una fuerza aparentemente poderosa como para hacerte pasarlo mal, no sirven para nada.
Mañana será un día nuevo. Acaba bien el hoy.
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